domingo, 9 de septiembre de 2012

La magia del café



Dos situaciones surgen al nombrar la palabra café. Por un lado la imagen del “compartir”, de la amistad, de confidencias. Por otro lado, automáticamente se despierta en nuestra mente lo percibido por los sentidos, su aroma. Al mismo tiempo se disparan imágenes que se asocian a ese perfume inconfundible de una incomparable taza de café.
     Podríamos decir que el café posee un mundo especial donde confluyen diversas culturas, costumbres, rituales y preconceptos. Pero al escuchar la invitación “¿¡Tomamos un café!?” ya se sabe de antemano que se está frente a una situación placentera que nos invita a compartir una experiencia con el otro. Una experiencia que tendrá distintos condimentos según la situación: alivianar un dolor, alegrarse con el otro, planificar un futuro, dividir tristezas, charlar, compartir, sobre todo compartir. Ésa es la esencia que marca a fuego en nuestro interior la frase “¿¡Tomamos un café!?”.
     Ahora, cuando la fragancia de un café alcanza nuestro olfato, es el  disparador para que iniciemos la evocación de olores cotidianos, de lugares familiares, de días de alegría, de tristeza, de llanto, de melancolía, de seres queridos, de amigos entrañables, de momentos mágicos. Indudablemente podemos decir que el café tiene su magia y esa magia forma parte de nuestro cúmulo de experiencias de vida.

     Los invitamos a compartir parte de este mundo mágico del café.
Elizabeth Giménez

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