Dos situaciones surgen al nombrar la palabra café. Por un
lado la imagen del “compartir”, de la amistad, de confidencias. Por otro lado,
automáticamente se despierta en nuestra mente lo percibido por los sentidos, su
aroma. Al mismo tiempo se disparan imágenes que se asocian a ese perfume
inconfundible de una incomparable taza de café. |
Ahora, cuando la fragancia de un café alcanza nuestro
olfato, es el disparador para que
iniciemos la evocación de olores cotidianos, de lugares familiares, de días de
alegría, de tristeza, de llanto, de melancolía, de seres queridos, de amigos
entrañables, de momentos mágicos. Indudablemente podemos decir que el café
tiene su magia y esa magia forma parte de nuestro cúmulo de experiencias de
vida.
Los invitamos a compartir parte de este mundo mágico del
café.
Elizabeth Giménez

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